Violencia o maltrato al que consideramos en esencia una conducta agresiva, violenta, maligna que no tiene una función vital de supervivencia, y no posee utilidad alguna para el proceso evolutivo adaptativo del ser humano.

El término maltrato está tradicionalmente, unido a la violencia física, sexual y psíquica que tiene lugar en el ámbito doméstico, en general en el contexto del propio domicilio. Definido fundamentalmente por la intención de herir, humillar y destruir. Se produce sobre todo en situaciones de "cautiverio" impuesto por la fuerza física, imposiciones legales, sociales o psicológicas. Es en esencia un abuso en la intimidad. Una manifestación de poder, que sólo puede darse en desigualdad y que se apoya en el binomio cultural poder-sumisión. Una diferencia, fundamental, entre los malos tratos y cualquier otro tipo de violencia es la relación que existe entre el agresor y la víctima. Una relación significativa y en mayor o menor grado afectiva que le confiere un carácter cíclico e intermitente.

Un escenario propicio para la expresión del maltrato es el “hogar”, El hecho de que en el 90% de los casos la víctima sea una mujer, revela una posición de desigualdad, cuyo origen sobrepasa la frontera individual, para constituirse en un imaginario socio-cultural, interiorizado por ambos sexos. Y lo que podría no ser más que una clasificación simple y sencilla de los componentes de la especie, se transforma en una cuestión de poder y control secular. La denominación de violencia de género a la violencia ejercida hacia las mujeres, por el mero hecho de serlo, tiene su vertiente más amarga cuando esta se produce amparada en el vínculo afectivo.

Los malos tratos forman parte del entramado, tan complejo, que pueden tejer la dinámica de las relaciones afectivas. Los complejos comportamientos del ser humano, y los malos tratos los son, se constituyen como el producto de un largo proceso evolutivo condicionado por las relaciones de las fuerzas sociales y la cultura. Las experiencias, sentimientos, pensamientos y creencias que tempranamente interiorizamos, están ligadas a partir de los tres años de edad, a la posición social de ser mujer o varón. Es decir, al rol de género ¿Cómo podemos explicar la tendencia a herir a las personas que conviven con nosotros? De alguna manera, esta tendencia constituye el gran conflicto de la humanidad, enfrentarse a la persona que más se ama y desear herirla.

Pues todo hombre mata lo que ama,
y que lo sepan todos.
Uno lo hará con su mirada torva.
Otro mientras adula.
El más cobarde lo hará con un beso,
y el bravo, con su espada.
(Oscar Wilde)
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